domingo, 28 de abril de 2013

De paseo por Buenos Aires

Todo empezó un día en el cual la aventura y la alegría fueron mis compañeras, junto a un viaje inolvidable a Buenos Aires, Argentina.

El 26 de diciembre del 2003, al día siguiente de celebrar la Navidad con mi familia, comencé una aventura conmigo misma. Aunque era una adolescente, sentía toda la madurez para emprender un viaje que resultó inolvidable.

El viaje duró tres días; realmente fue la primera vez que estuve tanto tiempo sentada mirando cómo los paisajes iban cambiando al transcurrir el tiempo.

Primero fui a Oruro, era inevitable sentir la nostalgia de partir. Me subí a un tren que era muy cómodo. Dentro había muchas personas, algunos turistas, comerciantes, todos con un mismo fin. Después de 17 horas en tren, ya que se retrasó el viaje, llegué a Villazón, la frontera entre Bolivia y Argentina. Era un lugar árido y con mucha gente trabajando. En ese momento valoré el trabajo boliviano, las personas parecían hormigas, nadie podía detenerse, tenían que seguir trabajando.

El día era caluroso y por fin estaba en La Quiaca, un lugar pequeño y frío, ya pisaba suelo argentino. En la noche, nuevamente a viajar. La gente murmuraba y decía que estaba cerca un lugar conocido como “las tres cruces”. Supongo que era gente comerciante que tenía miedo que le quitasen su mercadería, ya que en “las tres cruces” hay un control para no meter mercadería y diversas cosas más. Después de pasar “las tres cruces” llegamos a Jujuy.

El paisaje cambió totalmente, todo era verde y lindo, digno de tomar una fotografía para el recuerdo. Sabía que aún faltaban 24 horas para llegar a Buenos Aires.

La comida en el camino era única, ya que los argentinos no se limitan, tratan muy bien a la gente que consume sus productos. Todo era delicioso.

Llegué a Buenos Aires a las 8:00; era un lugar totalmente diferente. Mis expectativas fueron superadas, estaba en una ciudad cosmopolita. Subí a un taxi junto a mi padre y el taxista me dio la bienvenida a su país.

No podía parar de mirar todo lo que estaba a mi alrededor, la gente parecía tan ocupada, caminaban sin parar, todos con una misión: trabajar. Ese mismo día fui a pasear por todos los lugares que pude, no me importó haber estado de viaje tres días, técnicamente, sin dormir.

El aire porteño es único, el Obelisco está entre las avenidas Corrientes y 9 de Julio, su altura es de 67,5 metros. Es un hermoso monumento y sobre todo imponente, en pleno centro de la ciudad.

La Casa Rosada es la casa del Gobierno argentino, un lugar muy transcurrido por turistas como yo; a su alrededor hay muchas tiendas. La Casa Rosada está frente a la plaza de Mayo, la cual me gusto mucho, ya que tiene muchos monumentos, además es grande y se ven áreas verdes.

La Boca es un barrio que está muy relacionado con el tango. La fachada de las paredes es muy alegre, pintada con colores vivos y llenos de energía, se trata de un lugar turístico.

En mi recorrido turístico por la ciudad de Buenos Aires también visité el Cementerio de La Recoleta. Me pareció un lugar sumamente frío, y no me refiero al clima, considerando que era verano. Es frío porque lo comparo con los cementerios de Bolivia que son mucho más familiares. Cuando uno va, por ejemplo, al Cementerio Jardín de La Paz puedes sentarte y poner flores en las tumbas de tus seres queridos. En el Cementerio de La Recoleta es diferente, sólo tienes un pequeño lugar para poner tus flores y son como pequeños cuadrados mucho más sombríos. En este cementerio se encuentran sepultadas muchas personalidades importantes de Argentina.

¿Cómo olvidar el zoológico de Palermo? Un lugar de ensueño, había todo tipo de animales como ser: camellos, cocodrilos, serpientes, pandas rojos, orangutanes, murciélagos, tiburones, cóndores, águilas; todos ellos en más de 17 hectáreas de superficie. Una experiencia única, ya que también hay cine en 3D. Permanecí todo el día en el zoológico y ni así pude conocer todo lo que había en él.

La comida en Buenos Aires es deliciosa, la especialidad es la carne, que es sumamente suave. La repostería es generosa en cuanto al dulce de leche. No podré olvidar las famosas empanadas tucumanas con una variedad incomparable.

En cuanto al clima, nunca olvidaré esa temperatura. Era verano y en una ocasión llegó hasta los 40 grados. Las piscinas o como dicen los porteños “las piletas” son ideales para refrescarse.

Cuando retorne a mi país sabía que me esperaban tres días de viaje, pero también sabía que junto a mi llevaba nuevas experiencias y hermosos recuerdos que jamás olvidaré.

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